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Archive for 28 noviembre 2007

Los abrazos y festejos no son desmesurados. Argentina debía ganar y ganó. Terminó la tercera fase de esta Copa del Mundo con un triunfo que le sirvió para sacarse la mochila de encima o, mejor dicho, la pirámide que significa pasar a Egipto y conseguir el quinto triunfo del torneo. Le ganó 3-1 y ahora podrá liberarse de presiones, propias y extrañas, ante Brasil, Estados Unidos y Bulgaria, sabiendo que no tiene nada que perder.

La Selección afrontaba un desafío nuevo. Necesitaba ponerse el saco de banca sin que le quedara grande. La derrota ante España, por más peleada que haya sido, dibujó muecas de desencanto, pero en el arranque del partido contra Egipto, Argentina se mostraría agresiva, encabezada por Guillermo García encendidísimo (10 puntos en el primer set). De todos modos, la Selección recién podría despegarse a partir de un gran bloqueo de Quiroga a Salah en el 11-10. Orduna repartiendo el juego para no sobrecargar a Milinkovic, pero aprovechando la mano dura del opuesto argentino para cerrar el set.

La aparición de los centrales en el segundo set no hizo más que volver aún más sólido el ataque argentino. Stepanenko bloqueó mejor y Aschemacher sumó cuatro puntos clave. García bajó un poco, pero Quiroga subió. En el tercero, la baja fue general. Los cambios en Egipto le dieron agresividad en el saque con Gabal y más variantes en el ataque con Fathy. Argentina también buscó aire y posibilidades con De Cecco, Layus, Chávez y Giani, pero había que jugar un cuarto parcial.

¿Podía darse el lujo el equipo de dormirse? ¿De dejarles chances de resurrección a los egipcios? No se durmió y lo ganó mejorando en varios fundamentos. Se sacó y bloqueó mejor, se presionó con el saque y se defendió más. Atajada de Orduna para ganar un contraataque, Meana ajustando la recepción ante las bombas de Gabal, Milinkovic con energía justa para el momento justo, y los puntas volviendo a mostrar por qué se ganaron su lugar en el plantel.

Con apenas un jugador en cancha (Milinkovic) de los que el año pasado fueron titulares en el Mundial, la Selección logró su quinto triunfo en esta Copa del Mundo. Y ahora, con el balance en positivo pensando en el Preolímpico de enero, sueña con seguir creciendo. No hay mochila ni pirámide que la moleste.
 

Este mundial entrega 3 plazas para las Olimpiadas de Medellin.

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Tigre y Lanús son los dos candidatos a obtener el campeonato apertura 2007. Hasta esta tarde también lo era Boca, pero tras la derrota ante Tigre, ya no es candidato. Aquí hay un detalle de los dos encuentros más calientes de la última fecha que fueron adelantados para este miércoles. El domingo próximo se estará definiendo este campeonato, donde Tigre será recibido por Argentinos Juniors y Boca recibirá a Lanús para lo que será el cierre de este torneo.  

Tigre 2 – Boca 1:

Tanta expectativa genera ansiedad. Y realmente se notó en el comienzo del partido. Tras el espectacular recibimiento de ambos equipos, el fútbol arrancó timorato, con mucha imprecisión y alguna que otra patadita para entrar en ritmo. Pero duró muy poco la tibieza de Tigre y de Boca. Sí, de los dos, porque a los 3 minutos, Leandro Lázzaro lo tuvo mano a mano con Mauricio Caranta y la desperdició. Y también porque unos segundos más tarde, el Negro Ibarra vio la posibilidad y remató con fuerza al arco de Daniel Islas, seguro como en todo el campeonato.

Entonces, ya entrado en ritmo, fue Boca quien se olvidó por un rato del viaje a Japón, de Riquelme y se afianzó en el partido. Apareció Ever Banega para recuperar y con ello, la pelota fue propiedad de los de Miguel Angel Russo por un buen rato. Pero para manejarla, fue muy bueno el trabajo en ese lapso de Alvaro González. Por derecha se asoció bien con Ibarra y en el mediocampo se acopló al colombiano Vargas para llevar peligro. Mucho para Islas y compañía. Fue así, entonces, que a los 8, el uruguayo tiró un buen centro al área local y tras un error defensivo, el Xeneize facturó.

Cuando la pelota cayó en el área de Tigre y Blengio pifió, las miles de almas locales enmudecieron. Palacio, en cambio, como buen pescador, se adueñó de la chance y metió un cabezazo atrás para que Martín Palermo la mandase a guardar. El goleador, que no la había tocado, estuvo en el lugar indicado y por naturaleza la empujó para desatar la alegría de su gente y la de los Granates. Sí, también de ellos, porque con el resultado a favor de Boca, un triunfo de Lanús iba a consagrar a los del Sur como reyes del Apertura 2007.

Más allá de eso, con la ventaja a favor, Boca no se durmió y fue por más. La jerarquía de jugadores que fueron, son y serán de Selección, se notó en el reducido campo de juego del Monumental de Victoria. Por lo menos durante buena parte del primer tiempo. A los 20, Banega, dueño de la mitad de la cancha, lo tuvo de tiro libre, pero su remate convirtió a Islas, en la figura momentánea del partido. Pero el arquero, que ya es ídolo de la hinchada del Matador, tuvo un competidor de firme y tan rígido como él. Fue el travesaño, que unos minutos más tarde impidió que Vargas pusiera el segundo para el Xeneize. Y sí, era una clara muestra del dominio visitante en casi media hora de juego.

En el cierre de la primera etapa, Tigre logró emparejar el trámite del encuentro, pero no así el resultado. Con más fuerza que fútbol, los dirigidos por Diego Cagna se adelantaron en el campo y obligaron a Boca a retrasarse un poco. Pero no fue suficiente. Apenas un cabezazo de Sebastián Ereros que dio en el palo y en Battaglia, pudieron hacer los locales para inquietar a Caranta y compañía. El Matador nunca encontró en los primeros 45 minutos, un arma para vulnerar al fondo rival, como sí lo hizo el Xeneize con centros cruzados y mucho toque en el medio del campo. Rusculleda siempre intentó jugar solo, sin encontrar un socio que lo acompañara.

Impulsado por la necesidad salió Tigre en la segunda etapa. Apretado por el marcador y con el título cada vez más lejos. Tanto como la distancia que hay de Victoria a Lanús, ida y vuelta. Por eso, el lógico envión de los locales en el complemento. Diego Cagna pareció lavarles las cabezas a sus jugadores, que presionaron a su rival desde el minuto cero y consiguieron adueñarse de la pelota, como no lo habían hecho en la primera mitad del partido.

La primera muestra de la atinada actitud de Tigre la dio Román Martínez. Al minuto probó de lejos y avisó que quería junto a otros diez leones (o tigres) dar vuelta la historia para seguir en carrera. La pelota se fue por encima del travesaño. Pero fue el comienzo de la resurrección. Un rato más tarde, Juan Carlos Blengio, defensor por ubicación y gladiador por naturaleza la peleó y la ganó en la mitad de la cancha para comenzar con la mejor jugada colectiva del Matador en el partido. Es cierto, el remate final de Rusculleda fue sin fuerza y murió en las manos de Caranta, pero valió la intención.

Pero como sólo de intenciones no vive el hombre, Tigre fue por más. Y lo iba a conseguir por duplicado, en una pequeña ráfaga que golpeó duro al equipo de Russo. A los 26 minutos, Ereros tiró un centro cruzado, como esos que lastimaron a la defensa matadora en la primera etapa y el estadio tembló, literalmente. Es que Morel le dio un toque, también cruzado, que pegó en el palo y Lázzaro la empujó al gol, casi de carambola y sin elección.

Primer temblor en Victoria, que rápidamente iba a encontrar una réplica de mayor escala. Cinco minutos más tarde, otra vez Morel, de estupendo segundo tiempo, se calzó la pilcha de ídolo-conductor y junto al goleador Lázzaro se mandó una pared de aquellas. Toque y toque para terminar con un remate cruzado y con la pelota dentro del arco. De manera increíble, Boca perdía un partido que controlaba y Tigre abría nuevamente la definición por el título. Claro, en Lanús ya no se festejaba, porque ahora el Matador se subía a la punta junto al Granate, obligando a los de Cabrero a ganar para llegar con ventaja a la última fecha.

Contrario a lo imaginable, Boca siguió dormido. El doble golpe caló muy hondo en los jugadores visitantes, que apenas mostraron un tibio intento de reacción, que murió unos minutos más tarde. Sí, murió como también fallecieron las aspiraciones del Xeneize en el Apertura y las ilusiones de los hinchas de Lanús, que hoy mismo querían festejar en el Sur. Tigre ganó y obligó a que la definición del campeonato se traslade el próximo domingo, cuando justamente el Granate visite a los de Russo y el Matador haga lo mismo ante Argentinos en La Paternal.

Una vez más, los gladiadores de Cagna demostraron que no entienden de categorías. Blengio, por ejemplo. O Galmarini, que hace no más de tres años festejaba con la camiseta azul y roja el ascenso de Tigre a la B Nacional. Hoy, también celebran. Pero la chance de ser campeones del fútbol más grande la Argentina. Un ejemplo a seguir el del Matador. Quizás, el domingo tengan su premio.

Gimnasia L.P. 0 – Lanús 4:

En los nombres, el ingreso de Maxi Velázquez por Benítez era la única modificación en el máximo candidato, que buscaba recuperarse del tibio empate del domingo ante Argentinos, también en el Sur. Mientras tanto, el Lobo llegaba en un momento complicado, con la intención de cortar la racha de cuatro derrotas al hilo. Y, de rebote, sacarle la sonrisa al Grana, que como tiene acostumbrado tomó la iniciativa en el comienzo. Toque para acá, toque para allá y un dominio territorial muy marcado. Sin embargo, una rápida salida de Neira por izquierda derivó en la cabeza de Leal y Bossio contuvo. En la respuesta, Landa rechazó un envío de Valeri llevaba peligro. Paridad y cautela en el arranque.

El partido estuvo detenido por un instante debido a que algunos hinchas locales se subieron al alambrado de una de las cabeceras. Lanús parecía sufrir la influencia de los nervios y la responsabilidad. Si bien manejaba la pelota y era claramente el que iba al frente, carecía de ingenio e ideas de tres cuartos de cancha hacia adelante. Esto provocaba que las jugadas de ataques concluyeran en la nada misma, como por ejemplo un derechazo de Graieb desde afuera del área. Muy lejos. Calzarse la pilcha de protagonista era una tarea que, con el correr de los minutos, aumentaba el grado de dificultad.

Con inteligencia y aprovechándose de la desesperación de su rival, Gimnasia esperaba con mucha gente en el fondo. A este planteo, los dirigidos por Cabrero le devolvían más empuje que fútbol. Valeri no aportaba en la creación, Acosta estaba intermitente y las opciones ofensivas recaían ya excesivamente sobre la movilidad de Sand. Y Pepe tuvo un interesante tiro libre cerca de la medialuna. Pero le dio muy de abajo y el remate salió muy desviado. Por el otro lado, Civelli no pudo conectar un lanzamiento desde la derecha. Respiro y a empezar de nuevo para Bossio y compañía.

Faltaban diez para el descanso. La pasividad era el denominador común. Tanto dentro del campo como en las tribunas. Reinaba la quietud y, lógicamente, se acrecentaba la preocupación. Hasta que, finalmente, apareció ese bendito espacio. Graieb metió un buen pase paralelo por derecha, Blanco escaló por la banda y mandó un centro justo. En el punto penal, donde debe estar el goleador, esperaban Sand y su inagotable paciencia. El correntino, solo entre los centrales, fusiló a Cejas con un cabezazo inatajable y anotó el 1-0 para darle brillo a una velada que se oscurecía lentamente. El grito despertó a la multitud y el entretiempo arribó al son del tradicional “Sí, sí, señores, yo soy del Grana…”.

La ventaja le dio a Lanús el aire y la calma que necesitaba. Se notó desde el vamos en la segunda parte. A base de actitud y precisión armó un cóctel perfecto y liquidó la historia en los diez minutos iniciales. A los cinco, Cejas despejó un tiro libre desde la izquierda, Blanco mandó la bola otra vez al área con un cabezazo y Sand, habilitado, definió con la tranquilidad de un veterano: 2-0 y desahogo total. Que, encima, no quedó ahí. Primero, Blanco la tiró increíblemente por arriba. Y enseguida, luego de un largo pelotazo por derecha, Acosta le ganó la posición a Domínguez y a Landa. El remate del chiquitín encontró a Cejas y Valeri sólo tuvo que empujarla en el rebote. El 3-0 vació de dudas un partido que se había presentado con varios interrogantes.

Con la diferencia, el Granate se relajó y le cedió el mando al visitante. La búsqueda del descuento quedó ampliamente opacada por la alegría que destilaba todo Lanús. Hubo tiempo para la ovación generalizada y el ya clásico “Oy, oy, oy, oy, es el equipo de Ramón….” fue ensordecedor. La cabeza, vieja traicionera, comenzó a pensar en el futuro. Y por la cercanía del choque del próximo domingo, Cabrero aprovechó para hacer algunos cambios. Benítez reemplazó a Velázquez, Aguirre a Blanco y Salomón a Fritzler.

Poco importó lo futbolístico hasta el momento del último pitazo de Baldassi. El “Vamos, vamos los pibes…” brindó el merecido reconocimiento a este plantel, integrado en su mayoría por jugadores surgidos en las Inferiores del club. Sumergido en la paz de haber cumplido el objetivo, Lanús terminó la noche floreándose, tocando la pelota de un lado a otro. Sin exagerar, jugando a lo campeón. Y por si faltaba algo, en una jugada colectiva tan enorme como el delirio y la ilusión granate, Aguirre la pisó, Sand asistió y Benítez se disfrazó de delantero para decorar la goleada con un zurdazo bárbaro, cruzado. Los chicos de Cabrero aplastaron con un 4-0 inobjetable y sueñan más que nunca. El título está ahí. Al alcance de sus manos. Les bastará con un empate en La Bombonera para trepar a lo más alto del fútbol argentino por primera vez en su historia.

Fuente: ole.com

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